miércoles, 24 de febrero de 2010

Titikaka 2

Cuentan que el nombre del lago no es Titicaca, ni siquiera Titikaka, sino más bien algo parecido a "Titikarka". El origen según dicen unos guías es porque "titi" significa animal salvaje o puma en quechua y karka piedra. Unos guías me han dicho que era mezcla de aymara y quechua, otros que sólo era quechua. Unos aseguraban que el nombre del lago se debe a que su forma a vista de pájaro representa un puma cazando a una liebre (que yo no logro ver por más que mire el mapa). Otros, ya en el lado boliviano, aseguran que se llama así debido a que en la Isla del Sol existe la roca sagrada con forma de cabeza de puma. Yo no sé muy bien cuál es la versión real si es que la hay, lo que sí me quedó claro es que los españoles, al no poder pronunciar el término en quechua, modificaron el nombre del lago a Titicaca que es como se conoce actualmente aunque no sea el original.

El día empezó muy temprano en Amantaní. Tras un sabroso desayuno nos dirigimos al puerto. Reina nos acompañó y allá nos despedimos y partimos en dirección a Taquile, otra isla del Titikaka peruano algo más grande y más turística que la anterior.

Cuando llegamos,los turistas que subían por el sendero de la isla parecían,a lo lejos, hormiguitas. Tras mi ceremonia de protector solar 50, sombrero y gafas me convertí en una hormiguita más. Íbamos caminando tranquilamente, disfrutando del paisaje. Gustavo, Lucía y yo posábamos en cualquier lugar digno de foto, evitando que un niño se metiera en ella y nos pidiera dinero en su inconsciente explotación infantil.

La isla es un lugar maravilloso al que creo que el turismo le ha perjudicado más que traer beneficios. Allá vivían las comunidades tranquilamente y ellos tenían hasta su propio sistema político. La pesca y la agricultura eran sus principales actividades antes de la entrada de los turistas. Actualmente, cada día llegan barcos cargados de turistas deseando observar la paz de una isla que, sin ser conscientes de ello, destruyen con su visita. Una señora me aseguraba que era mejor que vinieran turistas porque la pesca ya no era lo de antes "el lago está más contaminado" me aseguraba. Otra, en cambio, afirmaba que muchos habían abandonado la agricultura porque el turismo era más rentable y menos cansado. De cualquier manera, los circuitos te llevan a ver unas comunidades en un entorno natural contaminado a su vez por el propio turismo. Los niños, que realmente querían jugar a echarse agua en la calle (por el carnaval) iban ataviados con trajes regionales e intentaban meterse en la foto para luego pedirte un sol. Ellos no tienen la culpa, tal vez ni siquiera los padres que los obligan a hacerlo por dinero, quizás la culpa sea de los turistas, pero me aseguran que el dinero de los turistas es muy importante allá. No sé qué conclusión sacar, pero todo aquello me pareció una especie de "prostitución de la cultura". Parece que todo lo que traiga dinero es bueno, aunque al menos no pierden sus tradiciones como el carnaval.

En ocasiones me paro a reflexionar demasiado. La verdad es que la visita me gustó, pero me habría encantado que los niños no pidieran dinero ni caramelos y que la vida transcurriera ajena a los intrusos que llegamos, aunque mucho me temo que eso no es posible.

Tras recorrer toda la isla, ver sus vistas del lago, sus terrazas de cultivo, sus arcos separando comunidades, la plaza central, las placas solares en las casas y tras descender unos 500 escalones, llegué de nuevo al barco. Sólo me esperaba la vuelta a Puno a descansar tranquilamente, cuando Andrés me propuso un plan: ir al carnaval de Juli, pequeña población del sur del Titikaka de la cual yo no había oído hablar jamás. Sonaba realmente tentador.

martes, 23 de febrero de 2010

Titikaka 1

Ha sido sin dudarlo una de las grandes experiencias del viaje. Salimos en un barquito turístico y mientras nos alejábamos de la costa el guía nos explicaba la historia del lago y de las islas flotantes a las cuales nos dirigíamos. Cuando terminó nos dejó salir a cubierta a tomar foto bellísimas.

Navegábamos entre juncos de totoras y nos cruzábamos con señores que, ante mi sorpresa, remaban en su pequeña barca de pie. De pronto llegamos a un lugar que parecía de cuento, también tomado por el turismo, pero de cuento. Islas construidas con totora (una especie de junco que usan para todo). Nos dirigimos a una de ellas donde nos esperaban las señoras cantando una canción, creo recordar que en aymara. Descendimos a la isla y allí nos dieron una explicación de cómo las hacían: en realidad la base es de tierra transportada por ellos mismos y están ancladas al fondo, ya que en esa parte no es demasiado profundo. Nos explicaron se estilo de vida, nos enseñaron sus casas y hasta nos dieron a comer totora, que por cierto no sabe a nada. Me impresionó ver placas solares en las casas de totora.

Nos despidieron cantando en aymara, quechua y español mientras nos alejábamos en un barco construido enteramente de... totora. En la parte delantera dos cabezas de puma donde se colocan los remeros. Tuve la poca vergüenza de preguntar si podía remar y me dejaron. Se reían mucho porque lo hacía fatal, pero lo justo para la foto.

De allí nos dirigimos en barco a Amantaní, una de las islas más grandes del lago en el lado peruano. Por el camino hice amigos: Lucía, Andrés y Gustavo tres limeños de viaje y Kasan ¿se escribe así? un turco muy simpático. Desde el principio tuvimos buena química, así que permanecimos unidos todo el viaje y más allá.

Al llegar nos esperaban las familias. Nos dividimos y nos dirigimos a nuestra nueva casa. Yo me fui junto con Gustavo a casa de una señora que se llamaba Reina. Subimos por la colina, atravesamos los cultivos y llegamos a una casa humilde pero acogedora. En la parte superior habían habilitado habitaciones para extranjeros. Nos preparó una sopa de quinua y de segundo papa.

Por la tarde nos dirigimos a las montañas: Pachamama y Pachatata. La caminata resultaba difícil porque el aire no hacía nada en mis pulmones. Paraba para hacer fotos, disimulando que me ahogaba. Una vez arriba entre los dos cerros el guía prosiguió con la explicación. Había que subir sólo a uno (bueno quizás hubiese algún valiente). Nosotros subimos a Pachamama porque era más alta y las vistas mejores. Una vez arriba era alucinante. Los colores eran como de cuento, de nuevo, lo sé, pero es cierto. A la bajada nos pilló la noche y se hizo un poco difícil caminar sin ver dónde ponías el pie.

La cena fue lo mismo que el almuerzo: sopa y papa. Me pareció extraño comer lo mismo y me di cuenta que hay gente que come siempre lo igual. Es una sensación difícil de explicar a través de internet, pero cuando estás en una pequeña casa que huele al humo de la cocina comiendo lo mismo te paras a pensar sobre tu vida. Ellos nos daban lo mejor que tenían y además estaba muy bueno. Tras la cena vino la parte divertida ya que nos sacaron ropa típica y nos vistieron con las polleras (faldas), camisas y pañuelos. Justo cuando estábamos vestidos empezó a llover más y más fuerte hasta que las gotas se trasformaron en granizo. Sonaba como si la casa se fuese a derrumbar y se fue la luz. Estuvimos esperando a que escampara y mientras nos dedicamos a hacernos fotos que ya subiré.

Finalmente escampó y nos fuimos a la fiesta. Nos dijeron que era "ahí no más" pero aquello fue casi el camino de Santiago. Imaginaos, pantalón y zapato de montaña, encima pollera, chubasquero para la lluvia y frontal para ver. Era Miss Amantaní 2010. Todo eso pasando entre charcos, lodo e intentando no meter ni el pie en uno de ellos ni estropear la plantación de papas de los laterales. Tras un gran recorrido en el que fui asustada por un señor que salió de la nada y llegando mi grito a la orilla boliviana llegamos a la fiesta. Por un extraño motivo mucha gente se quedó en su casa y sólo fuimos 8, 4 de los cuales eran peruanos y 1 española. Bailé con pollera y me reí harto. Cansa mucho eso de mover la pollera,madre. Tras varios bailes estaba exhausta y dado que el ambiente no llegó a ser festivo decidimos retirarnos. La vuelta fue, si cabe, aún peor, una auténtica odisea. Yo estaba consiguiendo tener mis zapatos relativamente secos pero un trozo de hierba que parecía firme me traicionó, en relidad se trataba de un charco con hierba. Calada hasta los tobillos y riéndome por la situación llegué a la casa a descansar donde pensé que este día había sido uno de los que difícilmente se olvidan.

domingo, 21 de febrero de 2010

Puno

Tras mi gran experiencia raftisiana y tras unas sabrosas empanadas me dirigí camino a Puno. Cuando llegué a la estación me llamó la atención la gran cantidad de gente que allí había, familias enteras a punto de marchara algún lugar del país, llena de bártulos y churumbeles. Para variar, en la estación también había internet, así que esperé allí entretenida.

El viaje en bus fue una mezcla entre horrible y horroroso. Cambié de compañía por probar y la verdad es que era bastante cómodo, hasta que pusieron el aire en "modo Groenlandia" y la señora que estaba detrás de mí empezó a roncar. Tarde, pero vivos, llegamos a Puno.... LA CAPITAL DEL FRÍO!!! (su madre y yo en short).

Al día siguiente me levanté supertarde, sobre las 10.30. La señora del hostel, que era un poco madre, me dijo que mi desayuno llevaba toda la mañana esperándome y yo que no sabía que tenía desayuno y ya había tomado algo. Sin problema, redesayuné, rico rico. Tras eso salí de paseo por Puno, a conocer aquello y en busca de alguna oferta para ir al lago Titikaka.

Al salir me di cuenta de cómo era aquello de turístico. En la calle principal sólo había pizzerías, hamburgueserías, tiendas de souvenirs y agencias de viajes con los carteles en inglés. La verdad que no me gustó mucho, pero es lo que trae el turismo: la transformación; porque aunque a mí me guste ver los lugares lo más autóctonos posible, es cierto que muchos turistas adoran esa transformación occidental que yo tanto detesto.

Paseé hacia la plaza de Armas, entré en la catedral y luego me dediqué a recorrer callejuelas. Pasé por algunas agencias y pregunté pero no me convencia el precio ya que en el hostel me habían ofrecido uno muy bueno. Tenía un as bajo la manga porque mi amiga Lisbeth me había dado el número de un señor que podría conseguirme un buen precio, aunque al final me lo conseguí en el mismo hostel. Tras pasear terminé en el museo naval de Puno, muy pequeño pero daba información sobre el Lago y tenía también datos y mapas sobre cómo Bolivia perdió su salida al mar. Como siempre el ser una tierra rica en materias, en este caso el guano y el salitre, les llevó a la guerra y con ello Chile extendió poco a poco su frontera hacia el norte.

Por la tarde ya había contratado los tours a un precio inigualable, los dos por el precio de uno (como diría un amigo turco que conocí luego, fui muy mora). El primero fue a Sillustani. Un antiguo "cementerio" preinca que luego sería también usado por los incas atan sólo unos kilómetros de Puno. En el grupo me encontré con un par de catalanes que llevaban varios meses viajando y que su prima había hecho el Mir, esta vida...

La verdad que de las torres funerarias no quedaba demasiado, pero lo que sí seguí en pie era bastante interesante. El guía nos explicó que las torres eran más anchas en su parte superior porque simulaban un útero. En su interior el muerto, momificado, se introducía en posición fetal, para que así naciera en su nueva vida. Además de las costrucciones, había llamas para hacerle fotos y un paisaje genial. No sé si será la altura, pero aquí el cielo las nubes y el agua quedan preciosas en las fotos, incluso hechas con una cámara como la mía (tiene ya muchos años y pocos píxeles)

A la vuelta el bus se paró en una casa para que viéramos cómo vivían, yo eché una ojeada pero no me quedé porque me parecía una turistada.

Ya en Puno me decidí a cenar algo típico. Mi sorpresa fue que sólo encontré comida occidental. Dí muchas vueltas, el hambre acuciaba y sólo encontraba "internet y llamadas". No quería alejarme mucho porque, aunque dudaba que fuera muy peligroso, no conocía la ciudad. Un poco en contra de mi voluntad terminé comiéndome una pizza, ya que la alternativa era un teclado. No estaba mal, al menos era al horno tradicional. Tras eso y un sofocón con las fotos me fui a la cama deseando que fuera ya mañana para ir al famoso Titikaka.

viernes, 19 de febrero de 2010

Rafting

El lunes lo último que hice en Arequipa antes de marchar a Puno fue..... Rafting!!!! (bueno en realidad lo último último fue comprarme unas empanadas). Me recogieron temprano, como siempre, y siguiendo la costumbre el guía me dijo que estaba sola en la actividad. Pensé que no sería posible hacerlo sin un grupo, pero él me explicó que iríamos los dos en la embarcación y me indicaría qué hacer en cada momento. Como tenía un buen azote lo creí. Cuando llegamos al río me decepcioné un poco. Yo pensaba bajar como loca por un río caudaloso lleno de rápidos, pero aquello no tenía mucha agua. Tras ponerme el neopreno-antimorbo, el casco y recibir unas pequeñas lecciones nos lanzamos al río. Cierto que el río no era caudaloso, pero ofrecía rápidos entre piedras que nos gustaba comer a cada momento. El paisaje al principio era árido, pero poco a poco nos fuimos adentrando en la ribera y el camino se hacía mucho más agradable.
Mientras remábamos íbamos rajando, como no. Era posible hacer el rafting entre dos porque la embarcación no era muy grande y porque el guía hacía casi todo el trabajo y yo sólo remaba un poco. Durante el camino me sorprendí porque no llegaba a pensar que el río formara rápidos tan veloces. En ellos yo me metía en la balsa para evitar caerme y el guía hacía todo el trabajo. Yo remaba fuerte pero iba un poco como la reina de los mares.
Además de ir remando me iba comentando sobre algunos animales o árboles que veíamos, me mojaba con el remo y hasta llegamos a hacer una parada. Desde lo alto de una piedra se podía saltar a una poza. Cuando llegamos había unos argentinos lanzándose. Me preguntó que si me atrevía y lógicamente subí sin apenas pensarlo. Una vez arriba me di cuenta de que estaba más alto de lo que esperaba, pero ya era tarde. Miré hacia abajo, me agarré el salvavidas y salté. YUJUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUUU. Me entró agua por la nariz hasta el cerebro y me hundí un montón. Lo habría repetido si no fuera porque salí medio "jogá" del agua. Tras eso seguimos con nuestro camino, pasando por una zona excavada en la piedra preciosa. Era una especie de cañón y allá estaba yo, empapada y remando como nunca lo había hecho (sí, al día siguiente descubrí que tenía agujetas en músculos que no recordaba tener)
Cuando llegamos al final del recorrido no sé muy bien que ocurrió pero el guía de broma me tiró del bote. Entonces yo me vengué y agarrando con una mano la balsa estiré mi gacheto-brazo y lo agarré de su salvavidas, tiré con toda mi fuerza hasta que conseguí estamparlo contra el agua. Una vez en el agua a penas tenía pie, la corriente me llevaba y me gritó ¡¡¡corre, sube al bote que hay una cascada!!! Yo intenté subirme pero no tenía pie ni fuerzas. Entonces él se subió y tiró de mí, salí volando y caí en el bote. Entonces ví que se estaba riendo. No sé qué cara puse con lo de la cascada, pero la broma le salió genial.
Tras el ejercicio, una chocolatina y vuelta a Arequipa intentando divisar el Misti entre las nubes.
Llegué reventada y sólo tuve tiempo para pagar, despedirme de mi amigo de Vancouver y comer unas ricas empanadillas. Puno me esperaba.

lunes, 15 de febrero de 2010

Cañón del Colca

Fin de semana a lo guiri, inevitablemente. Para ir hasta allá la manera más segura es tomar un circuito con una agencia que te lleva hasta ese fin del mundo. Sin embargo tienes que aguantar las paradas en lugares turísticos para que los guiris se compren jerseys de alpaca, lo cual está muy bien para la economía local, pero desde mi punto de vista rompe el encanto natural del lugar. La primera parada en el camino fue muy necesaria ya que era en una pequeña tienda donde pude comprarme hojas de coca para mascar. Íbamos a subir hasta 4000 metros, si no recuerdo mal y a esa altura el soroche es casi seguro. Estuve todo el camino haciendo fotos al maravilloso paisaje y a las alpacas y vicuñas cuando éstas aparecieron (las segundas son salvajes así que eran más difíciles de ver) El grupo estaba formado por peruanos, franceses, chilenos, una pareja holandesa, otra española el abuelo estonio (un crack). Cuando llegamos al Mirador de los Volcanes, que era el punto más alto de la ruta, Alba dejó de existir como persona. Dolor de cabeza intenso, vértigo, cansancio y pesadez, naúseas, vómitos, llegada de la menstruación y una poquita de diarrea, lo que se conoce como el Síndrome del desperdicio humano o Sd de García Delgado. Yo pensé que me moría en ese momento, parecía que el cerebro se me saldría por las orejas, pero es tan chiquito que se quedó allá dentro.

Después del camino de la muerte lleno de curvas y baches, además de la altura, llegamos a Chivay donde casi me bajo como en papa a besar el suelo. Allí si era tradiconal, sus mujeres con trajes típicos y los nenes indígenas. Conocí a uno que se llamaba Juan Carlos y me hice una foto con él y su llama, que se llamaba Harry Potter. Luego me arrepentí de haberle dado dinero pero en el momento de hacerme la foto estaba tan contenta que no caí en lo del niño pidiendo en la calle. Bueno limpiaré mi conciencia pensando que es verano y el colegio está cerrado.

Por la tarde fuimos a unas termas, guauuuuuuuuuuuuuu. Qué estrés. Entre las montañas piscinitas artificiales con agua a 39º. Te metías y estabas en la gloria y cuando salías, grrrrrrrrrrrr, qué frío. Estuve con el matrimonio español y las chilenas, allí sufriendo. Fue curioso bañarme viendo cómo se aproximaba la tormenta y cuando salí del vestuario lleaba el forro polar y el chibasquero y me llovió.

Por la noche me sentí la más guiri del planeta. Nos dijeron que veríamos un espectáculo folklórico y como estaba el carnaval en el pueblo yo pensé que era eso, pero no. Nos llevaron al típico tablao flamenco para guiris pero al estilo peruano. Yo quería comer lo que fuera por la calle y ver a la gente del pueblo en el carnaval, pero me metí en la boca del lobo y ya no supe cómo salir. Lo único bueno de la noche fue que me comí un filete de alpaca tela de rico. Junto a mí se sentó el abuelo estonio, para hablar en inglés y la verdad que era todo un personaje, muy muy guiri.

Al día siguiente, aunque le había pedido que no me despertara, la señora del hostel me despertó a las 5.30 GRRRRRRRRRRRRRRR. ¿por qué el puñetero cóndor no sale más tarde? No, él tiene que salir "con la luz de un feliz amanecer" vamos, tela de temprano. Tomé mi "desayuno continental" con las dos danesas sosas, que eran tela de sosas. Luego estuve jugando con el nene del albergue, 3 años, con unos cachetones...... pa comérselos mare!!!! le habría hecho una foto pero pasaba de convertir al nene del albergue en un recuerdo turístico. Por la mañana el carnaval continuaba pasando por las calles. El señor del albergue me explicó que son los solteros los que van tocando los instrumentos en busca de novia. No veas, to la noche tocando el tambor, chiquilla!!!!!! haznos un favor a todos y hazte su quería pa que deje el tambor!!! No sé si encontraron novia. Allá además me dijo que las bodas suelen hacerse en agosto, así pa que se conzcan un poco, que si no tienen que salir a tocar el tambor al año siguiente. Bueno yo bromeo, pero me gustó.

Tras eso fuimos por el cañón, a lo largo del río, visitando los pequeños pueblos. Una genialidad lo de hacer terrazas en las laderas de las colinas para la agricultura, además de útil le daba una imagen supersuperbonita. En cada pueblo, como manda el turismo, había en la plaza del pueblo señoras con sus trajes típicos y sus yamas para hacerte una foto o señoras vendiendo productos de lana y todo, por supuesto, junto a una iglesia............construida por los españoles, como no. Yo, metida en mi papel de guiri, hacía fotos a cascoporro, pero pasaba de ponerme junto a las llamas o de comprar.

Tras pasar por varios pueblos llegamos a una especie de mirador. Allí nos dejó el bus e hicimos una mini caminata de unos 40 minutos. Menos mal que no escogí la versión de "trekking in Colca" porque ahora sé que habría muerto. La ruta era sencilla, pero yo respiraba y en mis pulmones no entraba aire, bueno algo entraría, pero sin oxígeno, Dios mío. Llego a andar 3 días y no sé qué habría sido de mí, probablemente la nueva Juanita. Tras la "dura" caminata llegamos al mirador del cóndor. La miradas fabulosas. El guía nos expplicó además que las montañas que teníamos enfrente separaban la sierra de la jungla. Además los ríos de la parte en la que nos encontrábamos iban al Pacífico y los de más allá al Atlántico. Un maravilla cuando miras allá y lo piensas.

Tras hacerme una foto con cada montaña, otra mirando al infinito en plan pensativa e intentar fotografiar una lagartija..... "el cóndor de los Andes descendió" GUAUUUUUUUUU Al princpio lo veía chiquito y casi lo habría confundido con un gorrión. Poco a poco se fue acercando mientras planeba sobre nuestras cabezas, pero parecía algo tímido. Propuse que alguien se hiciera el muerto, por ver si se acercaba, pero no hubo voluntarios. De pronto decidido voló sobre nuestras cabezas..... ¡¡VAYA BICHARRACO!! yo me puse nerviosa, empecé a decir "aquí viene, aquí viene, aquí viene" pero cuando pasó no atiné con la foto. Le vi hasta lo rojito del cuello, pero la foto al cielo no me quedó muy artística. Como se enteró que yo estuve lenta, repitió sobre nuestras cabezas, pero fui igual de lenta. Luego me subí a la Cruz del Cóndor, abriéndome paso entre multitud de bichitos volantes, para hacerme otra foto. Es que sólo tengo 800, sí, ya mañana cuelgo alguna.

Del viaje poco más quedó, una paradita para comer y vuelta por el camino de la muerte hasta Arequipa. Esta vez fue mejor porque la peor parte la pasé dormida y el resto hablando con el guía sin parar.

Al llegar mis vecinas de habitación se habían ido y en su lugar había un canadiense muy simpático. Empecé a hablar con él en inglés (ya no lo mezclo con el francés) y terminó invitándome a un mate que había comprado en Argentina. Se quejaba de su mal español y que así no podía comunicarse bien. Tras unas horas de charla en la terraza del hostel nos fuimos a la Plaza de Armas a comer en unos de los restaurantes con vistas a la catedral, superbonito y superrico. No le gustó el pisco-sour y ponía cara rara cuando bebía, qué risa. Yo comí, para variar superrico, pero luego casi no podía dormirme de lo llena que tenía la barriga, aunque el cansancio pudo con el palta relleno y con el nomeacuerdo criollo.

Me voy a coger un bus en dirección a Puno, pienso llenarme la boca de hojas de coca como una vaca y rumiar todo el camino, para llegar siendo persona.

viernes, 12 de febrero de 2010

Arequipa 2

Esta mañana no era persona, había ya luz y ruido pero seguía metida calentita en la cama con mi pelo lleno de confeti. Agarré fuerza y me fui a la ducha. Desenredarme el pelo después de una semana sin peinar y con confeti fue aún más difícil que levantarme.

Empecé la visita turística yendo al monasterio de la Recoleta. Al pasar por el Puente de Grau pude ver el Misti (el volcán de Arequipa) me hice algunas fotos aunque creo que no se aprecia muy bien porque andaba algo nublado.
El monasterio era bonito, pero no demasiado interesante en comparación con el del día anterior. Lo único que hacía que la visita mereciera la pena era una enorme biblioteca de dos pisos colmada de libros antiguos y donde olía a libro viejo. Los había de dierentes tamaños, grandotes y pequeñines aunque los temas eran básicamente religiosos.

Al salir de allí me dirigí al mirador de Huacayana, donde hay una hermosa plaza y desde donde, en los días que no está nublado hay una vista maravillosa del Misti. No tuve suerte, apenas se veía, pero igualmente me hice la foto, ya después le pongo el volcán con el photoshop.
Bajando la colina sentía como mis riñones sintetizaban EPO a toda leche, sí señor. Para ayudar me paré en bardecomidaperuananoguiridondecomenlosperuanosbarato y comí rico rico.

Entonces me entró la inspiración, "mi pelo está mal" me dije, quería ver cómo son acá las peluquerías. Me fui en busca de una y entré en una galería donde los peluqueros te atacan como los taxistas:10 soles el corte (2.5€), perfecto, me dije. Entonces le indiqué que me cortara las puntas y la señora me dijo que yo tenía muchísimo pelo. Cogió tres tipos de tijeras y empezó como Eduardo Manostijeras, cuando terminó....... SÓLO LAS PUNTAS!!! Me había dejado la melena a la mitad, había más pelo en el suelo que en mi cabeza. Oh Dios, definitivamente las peluqueras hablan una especie de esperanto que sólo ellas entienden. Me sentí como ese caniche al que le quitan sus ricitos y le dejan un ponpón en el rabo. Pero todos sabemos que entrar en una peluquería es como subir a un avión, no sabemos si la cosa saldrá bien pero ya no hay marcha atrás. De todos modos sigo siendo una mujer bella. Espero, además, que tener media melena y menos rubia haga que me digan menos cosas por la calle y dejen de silvarme como a un caniche.

Tras eso llevé a arreglar mi cámara pero me querían cobrar mucho y yo tengo ya mi truco de empujar con el dedo y si no funciona yo la acaricio con la dulzura que me caracteriza y el objetivo se acojona y se mete solo. Lo peor de la tarde ha sido escoger el tour del Colca (el canón más profundo del mundo, mucho más que el famoso cañón del colorado) No quería hacerlo sola así que he tenido que ir de agencia en agencia viendo que me ofrecían hasta que he encontrado una que me convencia. Ufffff A mi burro a mi burro le duele la cabeza, el médico le ha dado jarabe.....

Me iré pronto a dormir porque me recogen a las 8h y además me llegaron a la habitación una chilena y una inglesa simpáticas, a ver qué tal.

Arequipa 1

Al llegar sólo pensaba que era muy tarde y esperaba que me hubiesen guardado la reserva. Cuando salimos de la estación aquello fue como un documental de National Geographic "el turista indefenso camina hacia la única salida donde acechan miles de taxistas hambrientos, no hay escapatoria" Me conseguí un precio más bajo del que me habían recomendado así que en un principio me alegré, pero luego me dió miedo de a dónde me llevaría, aunque parecía un buen señor.

Para variar la habitación era compartida pero yo la única habitante. Estaba tan cansada que no quería ni cenar. Como tenía tele aproveché y me ví lo primero que encontré "Algo para recordar" Ohhhhhhhh, qué bonita.

El jueves me desperté con ganas de verlo todo. Me tomé el desayuno en un bar sólo frecuentado por peruanos, una bebida de quinua y un bocata de palta (aguacate). Tras eso me dirigí al museo arqueológico donde esperaba encontrar a "Juanita" la momia de la princesa Inca encontrada en la nieve hace unos años, pero sólo pude ver otras momias, ya que juanita en verano está metida en el frigorífico, si no le da golpe de calor.

Tras eso visité varias Iglesias, en una de ellas (no me acuerdo el nombre ¿la Merced?) me encontré con una masa de fieles cantándole al señor con coro y todo. Muy entusiasmados. Pregunté si podía hacer vídeo y como me dejaron ya lo colgaré. Lo malo es que me llevé toda la mañana tarareando "el señor es amor....." Paseé por la bella plaza de Armas, donde fui atacada por los vendedores de circuitos a los que mandé simpáticamente a seguir caminando.

Tras haber visitado varias iglesias, haber fotografiado casonas y haber entrado en dos museos me fui al mercado, a ver sencillamente la vida de la gente de por acá. Un mercado relativamente tranquilo, lleno de mucho vendedores ambulantes y donde le pedí permiso a una señora para poder fotografiar todos los tipos de papas de su puesto. Imaginense sólo un puesto de papas!!!! Al ver tanta comida me entró hambre así que me comí un tamalito en uno de los muchos puestos de comida que allí había, mientras, conversaba con la señora sobre mi viaje. Y me gané una merecida siesta.

Por la tarde fui al convento de Santa Catalina. La influencia española brotaba por todas partes, desde la contrucción, los adornos, las plantas e incluso los nombre de las calles del interior del convento: Córdoba, Sevilla, Granada, Toledo y Burgos. Es un sitio con encanto en los exteriores porque tiene la estética sumamente cuidada, aunque el interior de las celdas de las monjas daba mucho yuyu. Es un lugar donde hay una bella foto en casa esquina, no apto para fotógrafos (no saldrían de allí jamás). De esto tengo que poner fotos, lo antes posible, antes de que se me impaciente el lobito.

Cuando salí me dirigí a otra iglesia, sí, ya lo sé, hay muchas iglesias, pero es que lo españoles son así ¿para qué construir hospitales y colegios cuando podemos hacer iglesias? Llegando me compré unas palomitas superbuenas porque eran hechas de maíz gordote, eran como palomitas obesas, me encantaron (de hecho no pude cenar) Y desde el puesto de las palomitas aprecié un jaleo, música, gente reunida y para allá fui. Cuando llegué vi que era una especie de ceremonia religiosa totalmente paganizada y me gustó. Empecé a hacer fotos y me llovió confeti en la cabeza, me animaron para que me uniera al baile y lo hice sin pensar. Después de un buen rato bailando nos dieron pastelitos y vino y seguimos bailando y echándonos cadenetas y confeti. Se celebraba la "Virgencita de Alta Gracia" Tras un rato allí empecé a hablar con una chica que me dijo si quería ir algún día a comer a su casa y estuvimos hablando sobre España, sobre Perú y la vida en general. Luego fui atacada por unos niños y me vengué llenándolos de confeti. Muy ilusa yo me puse a correr como si no tuviera 28 años y como si no estuviera a más de 2000 m de altura, vamos, me dio una poquita de angina. Sobreviví a mi asfixia-taquicardia y decidí no correr más por el momento. Me quedé luego hablando con las nenas y sus papás. Todo el mundo me preguntaba de dónde venía y si me gustaba, si estaría para el carnaval....... La verdad que fue una tarde genial y muy muy animada.

Cuando llegué al hostel estaba reventada y llena de confeti, al quitarme el sujetador cayó al menos un kilo y esta mañana aún tenía en el pelo. Puse la tele para adormilarme mientras veía los últimos cortos de "Paris, je t'aime"